
En el número 4 de Privet Drive vivía Mario Eduardo Firmenich…
Así tendría que comenzar la saga de la tendenciosa J.K.Rowlling. Más claro echale agua. Fui a ver Harry Potter 6 y esta es mi rotunda conclusión: es una clara apología de la guerrilla setentista argentina. Mientras más lo pienso, más me convenzo.
Embistiendo una varita mágica en lugar del fusil FAL, no es casual que los púberes protagonistas sean tres (Harry, Ron, Hermione), ni que Ron se enamore de Hermione, ni que ésta última sea mitad muggle.
Si bien fueron más, podríamos darle mayor relevancia solo a tres personas como grupo fundacional de Montoneros: Mario Firmenich (que vendría a ser Harry), Fernando Abal Medina (Ron) y Norma Arrostito (Hermione). Esta última proveniente del comunismo y no del nacionalismo católico como los otros dos, una especie de descamisada muggle. Cabe recordar que Arrostito se enamoró de Abal Medina en cuanto lo conoció y que comenzó una relación con él luego de separarse de su esposo.
¿Y dónde está Perón? Se preguntará el lector curioso. Bueno, muy fácil, más claro echale Mr. Músculo. Perón es Dumbledore, viejo y sabio, entrañable e intimidante, manejador omnipresente de la casa rosada de las tierras de la magia, el castillo de Hogwarts. Como la casa de gobierno en 1974, Hogwarts es una bolsa de gatos. Camuflado como “casa Slytherin” se manifiesta una triple A de cuentos de hadas. Qué decir de las desapariciones, los secretos, los encubiertos e infiltrados que desfilan por la historia que devoran los chicos del siglo XXI.
Vacilo ante la figura de Voldemort, el “innombrable”. Es el malo, claro, pero nuestro innombrable fue Perón. Y ¿Perón es el malo? Su nombre y su partido estuvieron proscriptos por 18 años. Fue nuestro innombrable. A lo mejor la autora inglesa fue más allá de lo que podemos esperar de una autora inglesa. Comprende lo contradictorio de la figura de Perón. Ese líder que esperaron como a Godot la derecha y la izquierda mayoritaria del país. Aquel que le guiñaba un ojo a la juventud maravillosa (o le daba puntos a Gryffindor), pero después los echaba de la plaza por carecer de barba (metafóricamente hablando). Voldemort vendría a ser el lado oscuro de ese liderazgo, ¿Una encarnación de Lopez Rega, quien encima fuera apodado el brujo?
La película, dominada por una estética oscura e inocentemente truculenta, termina con la muerte del sabio mandamás: Albus Dumbledore, carne de Juan Domingo Perón, es llorado por todos bajo el ennegrecido cielo que deja ver la cara del mal, de Voldemort riendo porque esta es la suya. Se percibe el advenimiento de un tiempo aún más oscuro en Hogwarts, cualquier parecido con la realidad argentina de los 70 ¿es pura coincidencia?