
Me re duermo arriba del 168 cuando me doy cuenta que la gente suena. El de al lado está narcotizado de reggeaton al mango pero duerme como un angelito también. Cuento los aparatos: cinco. Pasajeros, ocho. Tener i-pod o no tener, esa es la cuestión. Decido bajar, tengo que hacerlo. Más aparatitos: chicos, grandes, medianos. Auriculares desde el celular o el mp3, el i-pod o ¡hasta una computadora! Abogado de traje canta Green Day, inmigrante ilegal baila Britney Spears, yo le sonrío y me doy media vuelta. A la gente no le alcanza con el ruido de la calle Corrientes y busca más en su lista de temas. Fito Páez me recuerda que unirá las puntas de un mismo lazo: y lo que es ciudad se transforma en jungla, despacio. Me alejo del Abasto- nueva meca Cumbio, antiguo mercado de Bs. As. “Que pensaría Gardel- dice un viejo- hace rato que está callado”. Y mira la estatua de la calle Anchorena. Quiosco de diarios: estoy cubierto por pilas de revistas semi-porno y páginas/12. Corro hacia la salvación, ¿alguna boca de subte? ¿Algún parque? ¿Plaza? ¿Un mini componente convencional? Hasta que veo un cartel aurinegro con un epígrafe casi original: Escuchando Buenos Aires.