
Mi hermano, por ser el menor, era el capitán Monasterio. Mi padre, por ser el panzón, el sargento García. Yo no esperaba que salga la luna aunque sí tenía un corcel que, si bien distaba de ser Tornado, barría bastante bien.
Especie de híbrido entre trovador renacentista y Robin Hood latino, El Zorro amenizaba mis almuerzos y desvelaba mis trasnoches cuando canal trece se quedaba corto de programación.
¿Será lo antisocial que representa un zorro enmascarado? También adoré al murciélago huérfano de Ciudad Gótica, y a todos sus enemigos y, aunque los añoro, no dejo que mi infancia menemista privatice aquellos momentos tan míos: de vez en cuando me tomo un yogur de media hora y me pongo un antifaz que no solo no oculta, sino que me descarna.