21/9/09

Nicanor Parra, El Hombre Imaginario




Cuando digo una palabra muchas veces (es decir cuando la repito) me suena rara. Es como que si en el fonema se difuminara el significado de la misma y comenzara yo a oir letras singulares unidas en el espacio que les da mi boca al pronunciarlas. Hoy repetí imaginario: imaginario, imaginaria, imaginarios. Y me acordé de este (anti) poema, que repite la misma palabra:


''El Hombre Imaginario''


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario


De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios


Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios


Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario


Nicanor Parra

11/9/09

Sarmiento inmortal


Sarmiento, parece, fue un tipo importante. Dos hechos de mi ida cotidiana al conservatorio lo testifican: primero, me bajo del tren en la estación Once, que debe su nombre a la fecha en que murió el padre del aula. Y segundo, el conservatorio mismo queda en la calle Sarmiento. Un hombre que merece una calle tiene que haber sido importante. Además, wikipedia dice que nunca faltó a la escuela. Sumado a esto, Sarmiento escribía bien. Suya es la frase que dice: Bárbaros, las ideas no se matan. Y suyas son las ideas de exterminar al indio en su totalidad “sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado” (El Progreso, 27/9/1844). También la iba en contra del gaucho, del provinciano (siendo él sanjuanino) y hasta de los judíos. En fin, nunca falta quién te dice: si Sarmiento viviera… Aludiendo a que estaría horrorizado del país que somos, por lo que alguna vez fuimos. Yo creo que estaría contento. Con su calle, con su estación y con sus ideas que, lamentablemente, no murieron.

Desde el humilde (pero no tanto) lugar que me da internet, apoyo la propuesta de Osvaldo Bayer de cambiar la actual fecha del día del maestro por la del 4 de abril, en conmemoración del asesinato de Carlos Fuentealba por la policía de Neuquén.

Así que por ahora, y simbológicamente, feliz día a todos los maestros que aprenden enseñando.

30/8/09

Cadáver riquísimo


no
no quiero
no quiero ser
no quiero ser el tipo
no quiero ser el tipo que
no quiero ser el tipo que escribe en el tren
no quiero ser el tipo que escribe en el tren, que plasma sus ojos en el papel sabiendo que nunca, que nada ni nadie, ni cuándo ni dónde encontrará un lápiz que no sea un cuchillo.

25/8/09

Los anarquistas, Perón y Frávega

“Perón hizo un quilombo bárbaro”
Mi papá.


Contexto: charlábamos del pasado.

Pasado:
El bisabuelo hizo todo de la nada: cuatro panaderías en el oeste del Gran Bs As, una en capital, ocho hijos, ocho por dos nietos, varios bisnietos entre los cuales me encuentro yo.
Un día de los años cuarenta los tres hijos de mi bisabuelo crecieron y él no les dijo “estudiás o trabajás” sino la segunda parte sola. Paralelamente, con esfuerzo, se compró unas modernas máquinas amasadoras que venían de Estados Unidos. Ante el trabajo de los hijos y las máquinas juntos, los viejos empleados fueron innecesarios y, posteriormente, despedidos (como parafraseando "Tiempos Modernos" de Chaplin). El gremio que agrupaba a los trabajadores de panaderías pertenecía a la FORA (Federación obrera regional Argentina). Eran anarquistas y, por consiguiente, hubo enfrentamiento armado: La noche del despido arrojaron bombas molotov al edificio de la panadería e iniciaron fuego con escopetas a municiones. Nadie salió herido.

¡Como me hubiera gustado estar ahí y no saber a quien apoyar! Tanta pasión por el trabajo, la vida, la política. Perdonen la viejachotez, pero me tienta decir todo tiempo pasado fue mejor. Aunque realmente no piense así y menos en este contexto, pero se entiende (se entiende?). Los anarquistas eran excepcionales trabajadores. No tenían jefe de manzana, sino que se controlaban entre ellos: si uno llegaba un minuto tarde lo mandaban de vuelta a su casa y perdía el pago de ese día. Estaban graduados para diferentes tareas dentro del mismo oficio, desde pastelero a limpiador de cuadra y defendían, por supuesto, sus derechos. No se justifica tal ataque, pero, después de todo, el siglo XX fue el siglo vampiro: siempre se alimentó de sangre. El ideal anarquista es complejamente complejo, la ironía reside en que sus medios sean tan concretos.

En fin, hablando de esto y de lo otro, arribamos al tema de los sindicatos peronistas y mi papá lanzó la frase como una daga china (medio defendiendo al abuelo, medio defendiendo a los anarquistas): “Perón hizo un quilombo bárbaro”. Digo: ¿por qué tanta resonancia en sus palabras? “Perón”, “quilombo”, “bárbaro”. Casi las puedo ver, colgadas en el aire, pendiendo del sonido de sus letras. Bárbaro: Se dice del individuo de cualquiera de los pueblos que desde el siglo V invadieron el Imperio romano y se fueron extendiendo por la mayor parte de Europa. Creo en que la historia se repite obligadamente, como un buen plato de ravioles. ¿No son los cabecitas (los grasitas, los descamisados) los bárbaros del Buenos Aires del ´46? Vinieron de los barrios a invadir la ciudad que hasta entonces perteneció a cierta burguesía, a hacerla suya en un acto grandilocuente de apropiación del objeto, a mojar los pies desnudos en la fuente de Plaza de Mayo. Muchos, digámoslo, tenían una esperanza en la frente.

No establezcamos juicio de valor. Creo que quilombo no es peyorativo si hablamos en criollo, y menos si hablamos de Perón. Él mismo dijo: los peronistas somos como los gatos, parece que nos estamos peleando pero en realidad nos estamos reproduciendo. Es lo que dicen todos por estas décadas. El peronismo como significante vacío. El único país donde una izquierda revolucionaria nace del seno de un partido ultra personalista con un militar filo-fascista de líder.
Las preguntas me encuentran y atacan: ¿Una ideología se elige por afinidad a las ideas o a las palabras que la definen? ¿O a la sonoridad de las palabras dentro del discurso de un líder? ¿Por qué somos tan inherentes a los líderes?

Me distraigo con un sorbo de café: ahora atiendo el negocio del legado del bisabuelo. Pienso un par de cosas vanas, me como una factura, leo el diario. Entra una promotora de Frávega y me ofrece un dividí muy barato. Me deja un folletito con ofertas. Se va. Me pongo a hojearlo.

22/8/09

Llueve


Una paloma en el
cordón de la vereda,

Borronea con sus garritas
ese cierto límite y quiere
agrandar la calle.

Se asoma un gato mirón,
raído, es atigrado
si no me contradigo.

Llueve.
La lluvia quema y
lo que quema alumbra.

El sol desteñía,
atardeciendo,
sobre esos dos.

14/8/09

El sistema

que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.


(Días y noches de amor y de guerra, Eduardo Galeano)

20/7/09

La revolución es un domingo eterno



Cómo me aturde la palabra domingo. La de, la o, la eme, etcétera. Las tardes de domingo, las mañanas de domingo, los mates de domingo. Pasa que no tengo ganas de tener angustia existencial, pero empieza a llover y ¡qué tentación hacerlo una vez más! Busquémosle sentido a la vida, hagamos preguntas retóricas, escuchemos redonditos de ricota, usemos barba y veamos dos, tres, ¡cien películas del Che Guevara con Benicio del Toro!

Salgo a caminar – escucho – por la cintura cósmica del sur. Pienso: la razón que tuvo Andrés Rivera (al menos con un título), la ignominia de que la revolución sea un sueño eterno, la certeza de que todavía estamos durmiendo y que, si bien nos podemos despertar, no queremos hacerlo.

Probemos así: La revolución es un domingo eterno. Mañana empezamos. Va a ser lunes. Si si. Debilitar las instituciones, organizar milicias populares (léase del pueblo por favor), enfrentarnos al imperialismo y con nuestros padres, apagar los celulares por un minuto todos juntos, gritar que ¡viva Argentina libre! también juntos y romper todos los espejos del país y, así, difuminar el canon de belleza hasta el punto en que todos gustemos de todos y gustemos de hacer una gran orgía revolucionaria en plaza de mayo. El orgasmo será tan masivo que derretirá las armas. Cantarán los grillos, aullarán los perros y no iremos más de traje al teatro Colón, y no se llamará Colón sino del Despertar. Teatro del Despertar, funciones agotadas para la representación histórica del país (descuento jubilados y estudiantes).

Pero. Pero y más pero. Es domingo, y cuando pase la medianoche será, raramente, domingo otra vez, y así. La costumbre de nuestra burguesía intelectual. La que ama la modorra del domingo. Ver la lluvia por la ventana, alquilar una peli, desear más lluvia y mejor si cae granizo. Total, mañana combatiremos. Será anacrónico. Será violento, pero lo haremos. Basta con que el calendario diga lunes.




12/7/09

no sé

Frente al espejo nacen
los soliloquios más desvergonzados.
Temática de hoy: cómo me siento.
El aire es una hoja en blanco que contiene,
en la parte superior, solo mi nombre.
Es-que-no-me-veo.

10/7/09

La causa de la calvicie



Soy un duende. Camino por el bosque todos los días y junto bellotas. Me como unas y guardo las otras para cenar esta noche y, si es posible, desayunar mañana. A los duendes nos gustan los granos de café pero no el café, tirarnos de los árboles sobre una pila de hojas sin hache o tomar nata con leche. Somos muy enamoradizos y no contraemos matrimonio o compromisos monogámicos ni de ningún tipo. Nos gusta pararnos campantes sombreando algún hongo de seta breve y sentirnos altos: nos sube el autoestima que nos quita la altura casi desmedida de los árboles o los humanos, sin mencionar las montañas que le rascan la panza al cielo. Conocemos a los humanos. Coptamos lo que nos parece hermoso de ellos: el fanatismo espasmódico por la luna, para decir un ejemplo. Solemos aparecernos por sus ciudades, tratando de ser desapercibidos, y robamos cabello; todo el que podamos en la medida de no ser descubiertos. Nos encanta englutirlo de a dos o tres anudados como si fuese un moñito y son buenos digestivos.
Existe una característica por la cual elegimos a nuestras presas: nos fijamos que tenga algún pelado en su ascendencia. Su padre, abuelo, algún tío. Resulta que los pelados o potencialmente calvos son seres superiores entre sus pares. Esto hace a sus cabellos más deliciosos y no te dan diarrea. Aparte, una cosita: nos salió (valga la boludés) al pelo, ya que ellos piensan que tiene que ver con una cuestión genética y no con nuestra elección personal.
Gracias y chau.



(me estoy quedando pelado)